Es así como la pregunta que hago en el título de este post nunca termina de responderse.
Claro, para nosotros, experimentados ciclistas urbanos, la respuesta es simple y absoluta. Santiago es una ciudad pedaleable porque la hemos estado recorriendo durante años. Pero, ¿qué piensan aquellos que ni siquiera se les ha ocurrido despegar el trasero de sus autos para irse en 2 ruedas a sus trabajos?
Recuerdo cuando, el año pasado, el arquitecto y columnista de El Mercurio, Felipe Assadi, se oponía al uso de la bicicleta en Santiago, argumentando que la ciudad tenía una inclinación de 3%, de oeste a este, que impedía la utilización de nuestro querido vehículo de forma eficiente.
(Pausa para mofarse de Assadi).
Así como este arquitecto, miles de chilenos tambièn creen que moverse en bicicleta por la ciudad es una locura. Y algo de razón tienen.
Antes de seguir con eso, definamos que es una ciudad pedaleable:

Una ciudad pedaleable es aquella en la que se le da tanta (y quizás más) importancia a las bicicletas como a los automóviles. Las encontramos en sociedades en donde no existen, o se han dejado atrás, los prejuicios sociales en contra de este vehículo y se reconocen las propiedades que hacen de la bicicleta un medio de transporte único y superior (economía, rapidez, ecología, entre muchas más). Ejemplos mundiales de ciudades pedaleables son Ámsterdam, Copenhague, Portland, San Francisco, Barcelona, Berlín, entre otras. En todas ellas, del total de los viajes realizados dentro de la ciudad, un alto porcentaje es en bicicleta. Los ciclistas son motivados por la excelente señalización vial, préstamos de bicicletas, seguridad, calidad del medio ambiente y garantías legales.

Y Santiago, ¿en qué se parece a estas ciudades?
Decía que algo de razón tenía la gente que considera una locura la idea de moverse en bicicleta por esta ciudad. Y, claro, en Santiago no tenemos lo que tienen en Barcelona, por ejemplo (y ojo, no hace mucho, Barcelona era parecido a Santiago en este tema). Aquí no tenemos buena señalización, no tenemos seguridad, no tenemos garantías legales, la ciudad no considera a las bicicletas y si a los autos y, lo peor de todo, es que pareciera que la ciudad va a seguir avanzando en la dirección que no debe seguir. Y así, como leí por ahí: "es poco probable que el público se anime a escoger la bici como medio de transporte cuando está de por medio el riesgo de perder la vida en las ajetreadas calles".
En conclusión: Santiago es una ciudad pedaleable, pero para los que estamos locos.
Me consuela saber que algún día esto va a tener que cambiar. Va a llegar un punto en que el parque automotriz no podrá seguir creciendo, cuando la polución sea insoportable y el bolsillo de la gente no aguante más el abuso. Quisiera ver sus caras cuando se den cuenta que la solución a todos sus problemas se inventó hace casi 200 años.
Sigan pedaleando, es la única forma de avanzar.





