
El frío es fácil de paliar. Dos poleras, una buena parka o cortavientos, doble guantes, bufanda y pantalones de buzo son, para mi, la mágica solución.
La lluvia es un tema más complejo. Sí o sí nos vamos a mojar. Eso si, podemos evitarla un poco poniéndole tapabarros a las ruedas de la bici (o botellas cortadas, como alguna vez me sugirió @Ciclocerdo) o vistiendo los tirapinta plásticos impermeables que todos conocemos.
Ahora, como decía, nuestro entorno también se ve afectado. Las maravillosas calles de Santiago sufren cada vez que caen un par de milimetros de agua, colapsando en forma de verdaderos rios que, para los ciclistas, son un completo desafío terriblemente peligroso.
Por último, el frío matutino congela las calles y las convierte en trampas para los vehículos imprudentes que, por exceso de velocidad, patinan al intentar frenar.

Por eso hay que saberla hacer. Abrigarse bien, adaptar tu bici y tal vez cambiar tu ruta habitual por una más segura y que se inunde menos. Todos queremos pasar agosto, ¿no?
El resto es puro disfrutar, porque pedalear con frío y bajo la lluvia es lo más bakán que hay :D.

