¿Se han fijado que últimamente se ven más bicicletas en los spots de televisión, video clips, banners en internet o gráficas publicitarias en la calle? Bueno, resulta que en publicidad, cuando un producto o servicio no es capaz, por si solo, de generar la empatía necesaria con el consumidor para que este reciba con mejor disposición el mensaje publicitario, se utiliza un recurso ultra explotado en la actualidad: los rostros. Esa es la razón de por qué a Felipito le fascina Ripley y de por qué, a pesar de cagarse a medio Chile, a Zabaleta le sigue gustando La Polar.

"Zabaleta es buena onda, pero igual compra en La Polar. No debe ser tan mala la tienda esa". Esto es asociación.
¿Y por qué a la publicidad le ha dado con las bicicletas? La respuesta es simple: ¡ES EL MEJOR ROSTRO QUE PUDIERON ENCONTRAR! Ecología, eficiencia, economía, rapidez, salud, bienestar, simpleza, etc. Absolutamente nada malo se asocia a nuestro querido vehículo y eso le otorga un valor publicitario increíble.
Hagan el ejercicio. Fíjense en la cantidad de campañas publicitarias que incluyen bicicletas. O mejor, fíjense en la cantidad de figuras públicas que hacen paseos "espontáneos" en bicicleta, sobre todo cuando su imagen va en picada.
Hasta ahí, buena onda. Pero ¿qué pasa cuando la publicidad ofende al ciclismo?
Hace tiempo reconocí una especie de hito histórico para el ciclismo urbano de nuestro país. Un hecho publicitario que marcaría la historia de las bicicletas que recorren las calles de Chile desde 1980 hasta el presente. El afamado spot "Cómprate un auto, Perico".
Eran otros tiempo. Plena dictadura y el neoliberalismo se apoderaba de la nación. Se cambió lo bueno y tradicional por progreso y el Movimiento de Furiosos Ciclistas aún no nacía como para alzar la voz en contra de esta aberración.
Lo chistoso es que Perico volvió a aparecer el año pasado, con su cuerpo desgastado y su auto pa' la cagá. Periquito, si te hubieses quedado con tu bici, no estarías tan cagado.
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